Kenia: la madre de Ngugi

En Kenia, haríamos una parada en el pueblo de Ngugi. No exactamente en su pueblo, que encontraríamos arrasado, sino en el nuevo conglomerado de pueblos a modo de campo de concentración que creó el Imperio británico en su época. Preguntaríamos por la madre de Ngugi para conocerla, y con el estómago satisfecho por comer aquellas patatas asadas al fuego, le pediríamos por su insistencia en pedirle a Ngugi cómo lo hacía en la escuela, con esa pregunta curiosa pero inteligente: Te has esforzado al máximo? Incluso cuando sacaba un 10 sobre 10.

En la casa del intérprete, Ngugi wa Thiong’o

Descubre otras ciudades y personajes

Las mujeres de Rayo Verde

Ilustración de Paula Bonet que la artista ha cedido libremente.

¿Habéis hecho alguna vez el ejercicio de repasar los libros que os leéis y de clasificarlos por el género de quién los escribe (y ya no hablemos de clasificarlos por diversidad sexual, racial…)? Hacedlo, el resultado suele ser alarmante. Una vez os hayáis alarmado, paso necesario, estaréis preparados para el siguiente paso que consiste, conscientemente, en hacer una selección del material de lectura.

En muchos casos, los hombres dominan las mesas y las estanterías y eso tiene como consecuencia natural que el lector acceda más fácilmente a un escritor que a una escritora. Os retamos a cambiar el modelo, descubridlas, están ahí, y son buenas, buenísimas, hablan de aquí y de allá, de realidades y de ficciones, las hay que son jóvenes y otras que son viejas, las hay de todos los colores. Comenzad por apuntaros a la huelga feminista del 8 de marzo, ya seáis mujer o hombre, y visitad el día 10 la III Fira del Llibre Feminista en Sabadell. Nosotras también estaremos, con la obra de nuestras escritoras: Svetlana AleksiévitxAli SmithAída Pallarés, Amanda MijalopuluLucía Lijtmaer, Pruden PanadèsLaia Manonelles Moner, Magdalena Tulli, Marina GarcésNora Ancarola.

Notas a partir del amacrana

Por Daniel Jándula.

El terror, como el amor y el deseo, nos une a todos. Que no os engañen, criaturas: Hay que tener miedo si queremos seguir vivos. ¿Pero qué es el miedo? ¿Qué es lo que le da forma? David Monteagudo, en las crónicas de su particular amacrana -hecha de infancia y perplejidad- nos ofrece varias características del terror, diseminadas, dispersas, por los relatos que contiene su libro. ¿Qué contienen las crónicas del amacrana?

Historias de niños en el salón, sombras desde la cama, aviones de papel y un meteorito rasgando la noche. Los documentos que escondemos en nuestros archivos, esos manuscritos tan íntimos que contienen nuestros profundos anhelos, que tanto tememos que otros lean por encima de nuestro hombro.

En el amacrana no hay aves. Están todas escondidas en las copas de los árboles, y solo cantan una vez por semana. De verdad: yo he estado allí, y las he oído gritar al unísono, abriendo sus picos invisibles.

En el amacrana hay múltiples lugares de reunión. La gente se congrega porque la gente busca el miedo a la vez que huye de él. Es como la vida: cuando al fin descubres alguno de sus secretos, resulta que su canto estaba a la vuelta de la esquina, esperándonos.

Los personajes del amacrana van al encuentro de lo insólito. Hay pocos elementos, porque son seres que no necesitan muchas cosas para vivir medianamente bien. El único problema es que en cualquier momento los objetos van a derretirse y desaparecer. Por eso, la pregunta que los personajes se hacen continuamente aquí es: y ahora, ¿qué? ¿Cómo avanzar?

En el amacrana asistimos a todo lo que el miedo nos da para que lo degustemos: la pérdida de control, las sombras reconocibles pero a la vez carentes de aquellos detalles que nos brindan la seguridad de lo que hemos incorporado a nuestra identidad.

Pasad por el amacrana. Ved qué pasa. Huid de la agonía del presente en brazos de este cálido miedo.

Librería Gigamesh

Barcelona, 4 de octubre de 2017