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Juan José Saer: el testigo y la violencia

El entenado vendría a ser el dictado de este sobreviviente años después, en la vejez. Una historia que como todas las buenas historias siempre tendrá algo de calco, de relato que copia a otro. En este caso no solo por cierto esprit alucinatorio (un sobreviviente solo puede narrar desde la alucinación), sino por la constante reflexión sobre la no-muerte y la antropofagia en el deseomemoria. Es decir, la muerte como proyecto de fracaso.

Saer, diez años de magisterio ausente

Si Nadie nada nunca, escrita durante cuatro años en difíciles circunstancias personales, le valió general reconocimiento de la crítica, Glosa fue la confirmación de la fertilidad de los instrumentos de representación que el argentino había ido construyendo. La anécdota es mínima. Dos amigos, Leto y el Matemático, miembros ambos del grupo de personajes que reaparecen una y otra vez en novelas de Saer, tienen un fortuito encuentro callejero que los hará recorrer juntos 21 cuadras (manzanas). Durante ese paseo, ambos se dedicarán a reconstruir el cumpleaños de un tercero, al que ninguno de los dos ha asistido y del que sólo tienen noticia por fragmentarios relatos ajenos, algunos delirantes. El resultado son 220 páginas sobre los límites de la posibilidad de narrar, repletas de demoradas descripciones, de recuerdos recurrentes, de añadidos, correcciones y desmentidos, que cabalgan sobre una estructura inspirada en El Banquete de Platón y que acaban revelándose como una compleja conjetura sobre esa incertidumbre a la que, sostiene Saer, llamamos realidad.

Saer, por Juan Becerra

A diez años de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan José Saer, su colega Juan Becerra lee al autor de El entenado según el peso en su propia literatura, la pasada y la presente, donde aparece de manera fantasmática, sin desaparecer: pasar por Saer, pareciera decir Becerra, no es una experiencia susceptible de perderse u olvidarse.

Juan José Saer: el testigo y la violencia

La obra de Juan José Saer es una de las más lúcidas de finales del siglo XX, cuenta con dos o tres obras maestras. Una de ellas, inacabada: La grande. Novela que estaba haciendo al morir y pretendía ser un resumen de todo lo “construido” en años y años de oficio, además de varios ensayos ya esenciales en el mondo latinoamericano: El concepto de ficción, una antología que debería ser estudiada por todo aquel que desee pensar la literatura, y La narración-objeto, otro imperdible.

Pero el que quizá haya sido su libro más leído, por morboso, reescritural, lúdico y transbarroco sea El entenado (Rayo verde Editorial, Barcelona, 2013). Una novela inspirada en un párrafo de la Historia argentina de José Busaniche donde, al decir de Florencia Abbate, una de las últimas investigadoras de Saer, la primera expedición del conquistador Juan Díaz de Solís al Río de la Plata “al bajar a tierra, (…) fue sorprendida por una tribu de indígenas [Colastiné], quienes luego de atacar a los españoles, se los comieron. Francisco del Puerto, el grumete, se salvó de la muerte pero fue capturado por la tribu y permaneció cautivo durante diez años, hasta que llegó la expedición al mando de Sebastián Gaboto y lo trasladó de vuelta a España”.

Y 10 años después, Saer sigue ahí…

“Con la lluvia, llegó el otoño, y con el otoño, el tiempo del vino.”

Ése fue sólo el arranque que dejó escrito del séptimo y último capítulo de La grande, la que sería su novela más extensa y quizá la más ambiciosa y lograda, cuando un cáncer de pulmón se lo llevó el 11 de junio de 2005 en París.

Lo cierto es que Saer también cosecha cada día más lectores y acapara la atención de la crítica en otros ámbitos, como el español, donde aún no circulan las ediciones póstumas de sus Papeles de trabajo. “No tuvo mucha suerte en su vida editorial, ni tampoco buen lobby para los premios -sólo le dieron el Nadal en 1987 por La ocasión-, pero se llevó el más importante, al que muy pocos acceden: el de la posteridad”, dice el poeta y ensayista Edgardo Dobry. “Y es significativo, porque nunca fue un escritor de lectores masivos, pero siempre hay una célula saeriana en activo”, bromea en referencia a la editorial independiente Rayo Verde, que ha comenzado a reponer toda su obra en las librerías españolas, además de lanzar una guía, Universo Saer, de Marina Del Valle Blanco y Laura Huerga.

Che, Rayo Verde Editorial ya se oye en Argentina.

El recuerdo de un autor tan ineludible como eludido

“Saer escribía como lector y leía como escritor –plantea Chejfec–. Esa discordancia convierte su obra en única. Se supone que un escritor debe creer absolutamente en lo que escribe; Saer en cambio tenía una conciencia crítica extraña, un poco desengañada: sabía que toda literatura, hasta la más sublime o particular, se transmuta tarde o temprano en convención. Esa creencia operó como una limitación, en el sentido de que generó una actitud bastante escéptica frente a sus resultados pero absolutamente comprometida con sus premisas. Es cruel retacearle a un escritor importante su pizca de primicia, pero no sé si el eje de lo nuevo es el más útil para describir a Saer, salvo que digamos que en todo lo nuevo debe haber una ambivalencia, aunque creo que no es la idea. Más bien, creo que su obra combinatoria moderniza parte de la literatura argentina, lo cual produce otro arraigo. Lo nuevo a secas estuvo representado antes por  Cortázar y después por  Puig.” Dupont señala que en casi todas las novelas y relatos, Saer toma las formas de la gran tradición modernista de principios de siglo –James Joyce, Virginia Woolf, Faulkner, Marcel Proust, Robert Musil– y del nouveau roman, sobre todo Alain Robbe-Grillet, y las cruza con el paisaje. “A su modo, ya lo había hecho su maestro Juanele Ortiz con  Mallarmé y los simbolistas, franceses y belgas, y el paisaje ribereño. Y además está eso de llevar a la prosa los procedimientos, los ritmos y los tiempos que generalmente se le atribuyen a la poesía. Ese es el ‘experimento’ de Saer, que a su vez él reinventa a lo largo de su obra, porque en todos sus libros, si bien hay una continuidad muy evidente, también hay una suerte de apuesta narrativa nueva que busca abrir nuevos canales.”