Estás viendo las noticias relacionadas con Juan José Saer (Ver todas)

Juan José Saer, a contrapelo

Un artículo de Patricio Pron que nos ayuda a acercarnos a la obra de Saer en conjunto y, más concretamente, a El concepto de ficción, una de nuestras últimas novedades de este semestre:

Algo más de 10 años después de su muerte, la obra del argentino Juan José Saer empieza por fin a ser […] algo más accesible para los lectores, gracias, entre otros, de los responsables de Rayo Verde.

Juan José Saer en la selva espesa de lo real

Matías Néspolo reivindica la inigualable calidad literaria de la obra de Juan José Saer y defensa la necesidad de promover, publicar y leer a este autor imprescindible:

Decir que Juan José Saer es el mejor escritor argentino es una manera de desmerecer su obra. Sería preciso decir, para ser más exactos, que Saer es uno de los mejores escritores en cualquier lengua y que su obra está situada del otro lado de las fronteras, en esa tierra de nadie que es el lugar mismo de la literatura.

“La pesquisa” de Saer, lectura imprescindible

En esta reseña sobre La pesquisa, Francesc Bon argumenta de forma clara y breve las razones por las que Saer debería ser considerado uno de los grandes escritores de todos los tiempos:

La pesquisa es una obra ejemplar en su capacidad de extenderse hacia todos los ámbitos posibles, y en certificar frase a frase su validez para lectura y relectura. Saer […] se mantuvo, desconozco los motivos, a la sombra de autores más renombrados o más elogiados. Pero libros como éste demuestran que merecía estar al frente.

Saer, una memoria a medio borrar

Hinde Pomeraniec revive los recuerdos que conserva de las cuatro entrevistas que ha hecho a Juan José Saer:

Pensé en cómo no me di cuenta de que en algún momento no iba a haber más charlas con Saer, de que en algún momento no iba a haber más Saer; me enojé conmigo por no haber podido advertir que alguna vez podría querer recuperar lo dicho por él y pensé, también, algo aún más desolador y es que alguna vez no habrá ni siquiera un yo que recuerde y pueda dar testimonio de aquella siesta ni describir la imagen de un hombre brillante .

El Placer de “Glosa”

El Placer de la Lectura ha publicado una reseña de Glosa (Juan José Saer) por José de María Romero:

Saer utiliza el discurrir de la conciencia de dos amigos, Leto y el Matemático, para sugerir la forma en que la mente fluye a través del tiempo. La memoria, la realidad y la emoción se encuentran, por turnos, y se recombinan en un fascinante caleidoscopio.

Glosa en Boomeran(g)

«Glosa  creo que podría considerarse la mejor suya, al menos hasta que leamos la próxima. Es también de muy grata lectura. Saer ha venido perfeccionando, quizás involuntariamente, su costado thriller, la creación de un interés hipnótico y esa suerte de impulso deseante por llegar al final, deseo tematizado al modo paradójico aquí, pues de lo que se trata es justamente de la eternización del instante de felicidad».

El Porteño

Juan José Saer: el testigo y la violencia

El entenado vendría a ser el dictado de este sobreviviente años después, en la vejez. Una historia que como todas las buenas historias siempre tendrá algo de calco, de relato que copia a otro. En este caso no solo por cierto esprit alucinatorio (un sobreviviente solo puede narrar desde la alucinación), sino por la constante reflexión sobre la no-muerte y la antropofagia en el deseomemoria. Es decir, la muerte como proyecto de fracaso.

Saer, diez años de magisterio ausente

Si Nadie nada nunca, escrita durante cuatro años en difíciles circunstancias personales, le valió general reconocimiento de la crítica, Glosa fue la confirmación de la fertilidad de los instrumentos de representación que el argentino había ido construyendo. La anécdota es mínima. Dos amigos, Leto y el Matemático, miembros ambos del grupo de personajes que reaparecen una y otra vez en novelas de Saer, tienen un fortuito encuentro callejero que los hará recorrer juntos 21 cuadras (manzanas). Durante ese paseo, ambos se dedicarán a reconstruir el cumpleaños de un tercero, al que ninguno de los dos ha asistido y del que sólo tienen noticia por fragmentarios relatos ajenos, algunos delirantes. El resultado son 220 páginas sobre los límites de la posibilidad de narrar, repletas de demoradas descripciones, de recuerdos recurrentes, de añadidos, correcciones y desmentidos, que cabalgan sobre una estructura inspirada en El Banquete de Platón y que acaban revelándose como una compleja conjetura sobre esa incertidumbre a la que, sostiene Saer, llamamos realidad.

Saer, por Juan Becerra

A diez años de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan José Saer, su colega Juan Becerra lee al autor de El entenado según el peso en su propia literatura, la pasada y la presente, donde aparece de manera fantasmática, sin desaparecer: pasar por Saer, pareciera decir Becerra, no es una experiencia susceptible de perderse u olvidarse.

Juan José Saer: el testigo y la violencia

La obra de Juan José Saer es una de las más lúcidas de finales del siglo XX, cuenta con dos o tres obras maestras. Una de ellas, inacabada: La grande. Novela que estaba haciendo al morir y pretendía ser un resumen de todo lo “construido” en años y años de oficio, además de varios ensayos ya esenciales en el mondo latinoamericano: El concepto de ficción, una antología que debería ser estudiada por todo aquel que desee pensar la literatura, y La narración-objeto, otro imperdible.

Pero el que quizá haya sido su libro más leído, por morboso, reescritural, lúdico y transbarroco sea El entenado (Rayo verde Editorial, Barcelona, 2013). Una novela inspirada en un párrafo de la Historia argentina de José Busaniche donde, al decir de Florencia Abbate, una de las últimas investigadoras de Saer, la primera expedición del conquistador Juan Díaz de Solís al Río de la Plata “al bajar a tierra, (…) fue sorprendida por una tribu de indígenas [Colastiné], quienes luego de atacar a los españoles, se los comieron. Francisco del Puerto, el grumete, se salvó de la muerte pero fue capturado por la tribu y permaneció cautivo durante diez años, hasta que llegó la expedición al mando de Sebastián Gaboto y lo trasladó de vuelta a España”.

El universo Saer, a 10 años de su muerte

El pasado jueves, 11 de junio, día en que se cumplieron diez años de la muerte del santafesino, la editorial realizó un homenaje en Casa de América de Madrid, en el que los periodistas Juan Cruz y José Ignacio Padilla realizaron un repaso por su obra. Asimismo, Rubén Tejerina realizó una lectura dramatizada de El entenado .

“Es habitual leer que Saer no es un autor para las masas, esto es porque es un escritor exigente con su lector, al que invita a la reflexión y al cuestionamiento. Eso es lo interesante de su narrativa, porque obliga al lector a crecer, a desarrollar una visión más profunda”, han escrito Del Valle y Huerga en el ensayo en que reúnen textos y estudios sobre Saer, además de algunos fragmentos de sus libros, y que se entrega con la reciente edición de Glosa .

Rayo verde es una editorial independiente que se ha puesto al hombro la difusión de la obra de Saer en España, donde, dicen las editoras, su obra “había sufrido el abandono”.

Destacan en su estudio la construcción, en clave visual, del relato saeriano: “Buscará siempre los diversos enfoques de un mismo suceso, explicando así la incapacidad de las palabras para contar los sucesos. Para la construcción narrativa sólo utiliza detalles de superficie, luz, sonidos, escenarios, ritmo; recursos propios de la narración cinematográfica. La mirada del personaje se sitúa sobre el mundo como una cámara y será el lector quien deduzca y cree en su imaginación la interioridad de los personajes”.

Y 10 años después, Saer sigue ahí…

“Con la lluvia, llegó el otoño, y con el otoño, el tiempo del vino.”

Ése fue sólo el arranque que dejó escrito del séptimo y último capítulo de La grande, la que sería su novela más extensa y quizá la más ambiciosa y lograda, cuando un cáncer de pulmón se lo llevó el 11 de junio de 2005 en París.

Lo cierto es que Saer también cosecha cada día más lectores y acapara la atención de la crítica en otros ámbitos, como el español, donde aún no circulan las ediciones póstumas de sus Papeles de trabajo. “No tuvo mucha suerte en su vida editorial, ni tampoco buen lobby para los premios -sólo le dieron el Nadal en 1987 por La ocasión-, pero se llevó el más importante, al que muy pocos acceden: el de la posteridad”, dice el poeta y ensayista Edgardo Dobry. “Y es significativo, porque nunca fue un escritor de lectores masivos, pero siempre hay una célula saeriana en activo”, bromea en referencia a la editorial independiente Rayo Verde, que ha comenzado a reponer toda su obra en las librerías españolas, además de lanzar una guía, Universo Saer, de Marina Del Valle Blanco y Laura Huerga.

Che, Rayo Verde Editorial ya se oye en Argentina.

El recuerdo de un autor tan ineludible como eludido

“Saer escribía como lector y leía como escritor –plantea Chejfec–. Esa discordancia convierte su obra en única. Se supone que un escritor debe creer absolutamente en lo que escribe; Saer en cambio tenía una conciencia crítica extraña, un poco desengañada: sabía que toda literatura, hasta la más sublime o particular, se transmuta tarde o temprano en convención. Esa creencia operó como una limitación, en el sentido de que generó una actitud bastante escéptica frente a sus resultados pero absolutamente comprometida con sus premisas. Es cruel retacearle a un escritor importante su pizca de primicia, pero no sé si el eje de lo nuevo es el más útil para describir a Saer, salvo que digamos que en todo lo nuevo debe haber una ambivalencia, aunque creo que no es la idea. Más bien, creo que su obra combinatoria moderniza parte de la literatura argentina, lo cual produce otro arraigo. Lo nuevo a secas estuvo representado antes por  Cortázar y después por  Puig.” Dupont señala que en casi todas las novelas y relatos, Saer toma las formas de la gran tradición modernista de principios de siglo –James Joyce, Virginia Woolf, Faulkner, Marcel Proust, Robert Musil– y del nouveau roman, sobre todo Alain Robbe-Grillet, y las cruza con el paisaje. “A su modo, ya lo había hecho su maestro Juanele Ortiz con  Mallarmé y los simbolistas, franceses y belgas, y el paisaje ribereño. Y además está eso de llevar a la prosa los procedimientos, los ritmos y los tiempos que generalmente se le atribuyen a la poesía. Ese es el ‘experimento’ de Saer, que a su vez él reinventa a lo largo de su obra, porque en todos sus libros, si bien hay una continuidad muy evidente, también hay una suerte de apuesta narrativa nueva que busca abrir nuevos canales.”

 

Nadie nada nunca: realidad, perspectiva y forma

Lo que le interesa a Saer aquí es analizar la percepción que tienen de su realidad los escasos personajes que vienen a encontrarse en un zona muy delimitada del mundo. […] La realidad narrada desde la perspectiva del Gato, de Elisa, del Ladeado, o del Bañero, personaje que vigila la playa. De fondo una realidad ominosa: alguien está asesinado caballos por la noche; y un inspector de policía (curiosamente apodado Caballo) que está dispuesto a torturar a los sospechosos para conseguir una confesión. Desde un fondo aún más oscuro, un contexto histórico: la dictadura de Videla. La muerte de los caballos puede ser debida a unas maniobras militares, opinan algunos, alguien está haciendo prácticas de tiro y las muertes (al menos las primeras) son por accidente; o puede que se deban a venganzas personales.

Nadie nada nunca no te deja indiferente

En Nadie nada nunca de Juan José Saer encontramos una historia centrada en la vida cotidiana. Saer busca transgredir, crear emociones en el lector y no dejarle indiferente. Para ello recurre a la repetición y al hecho de transmitir una sensación de constante monotonía en la narración. Los hechos se nos narran una y otra vez, una y otra vez. Uno tiene la impresión de que la historia no avanza, de que existe una exasperante lentitud, pero de repente nos damos cuenta de que el autor está intentando contarnos las cosas valiéndose de diferentes puntos de vista.

El acto de escritura llevado al límite

El argumento de la novela (falsa novela o novela experimental) nos comunica el crimen brutal y en serie de unos caballos. Unas muertes misteriosas que mantienen desconcertados a los vecinos de Rincón, en Santa Fe. Mientras tantos unos personajes pasan el tiempo, hacen el amor y soportan el sofocante calor de un tórrido verano. El calor, el tiempo detenido y la morosidad del texto saeriano se alían y consiguen hacer que la lectura sea por momentos claustrofóbica. Si bien es cierto que hay ocasiones envolventes de verdadera catarsis, hay otras que la monotonía y las insistentes repeticiones nos abruman y pueden llegar a causar cierto sopor.

La magia de Saer en Nadie nada nunca

Una novela formidable, original, creativa, que no se parece a nada que hayáis leído, escrita con un dominio del lenguaje muy notable. Un libro fenomenal, que nos brinda una experiencia de lectura diferente, nueva. Un escritor que consigue ser vanguardista cuando parecía que toda las vanguardias estaban agotadas. Genial.

El entenado, un libro que hay que leer

Después de sesenta años, un hombre nos cuenta las experiencias vividas en un entorno, al principio, hostil, hasta que empieza a descubrir que quizá la palabra “civilización” no es más que eso, una palabra.
El lenguaje será fundamental en esta obra, pues sin darnos cuenta es el que condiciona la mayoría de nuestros pensamientos.
Un gran libro: misterio, crónica o falsa crónica, picaresca, reflexión. Magia escrita.

Una novela total

Saer deja al lector igual que los colastinés dejaron a su narrador, con la sensación de haber asistido a un prodigio cuyo sentido último se le escapa a pesar de tenerlo delante de los ojos. ¿No era eso la gran literatura?

Un verdadero placer porque hace, de la palabra, estética

Juan José Saer puede pasar desapercibido a un lector poco maduro, pero nunca puede ser una deuda para un lector aguerrido, y mucho menos para un escritor. Por lo general, cuando se habla de Saer, parece que se estuviera haciendo referencia a un autor de culto. Es decir alguien a quien leen unos pocos, que casi siempre consideran que mejor que sea así, no vaya a ser que el admirado se les manche de populismo.
Por suerte, de tanto en tanto una brisa de inteligencia trastorna al mundo editorial y alguien pone los amores por delante de cualquier otra cosa. Ya, ahora, podemos echar mano a La pesquisa, de Juan José Saer, fresquito y editado por Rayo verde, una editorial que en esta semana hizo su presentación en sociedad en Barcelona.

Dato curioso: En la presentación en Poble Sec, Gerbrand Bakker, autor de Todo está tranquilo arriba, dijo que la editorial arrancaba con Saer y con él, “un hombre muerto y un holandés”, y al decir “holandés” torcía la cara como preguntándose a quién podría interesarle algo semejante. Lo del holandés ya se verá, porque es una buena apuesta. Y lo de Saer… pongamos místicos: está más vivo que nunca.

De Saer quiero decir una sola cosa: con la inteligencia, y los gérmenes de historias que hay en uno solo párrafo de sus párrafos, otros escritores escribirían cuatro novelas. Más: Saer es original, distinto. Y con él, el lector se siente original, y distinto. Un verdadero placer porque hace, de la palabra, estética.
Ah, y un bonus track. (qué viejo estoy, ¿esto todavía se usa?) La conversación casual entre Saer y Ricardo Piglia en Princeton. Autores y personajes de novela sin fronteras.

El estilo es brillante, obra del pulso de un joyero

Lo que importa -es decir, lo que nos importa comúnmente a los rastreadores de libros- son las excentricidades y, por eso, lo gustoso de esta novela es precisamente la forma, que la distancia de los estándares de la novela policíaca.

Abundan los adjetivos, las subordinadas y los encabalgamientos, y no por ello peca la novela de falta de precisión o innecesario abigarramiento. El estilo es brillante, obra del pulso de un joyero.

Lucía Lijtmaer en Barcelonés

Periodista, traductora y mucho más en Barcelonés. El más vendido: El de Punset, sea cual sea este año.  El que más me gustaría que vendiera: “La pesquisa”, de Juan Jose Saer, reeditado por Rayo Verde. Que una editorial joven e independiente recupere a Saer con una edición preciosa es una maravilla. Se merecen lo mejor.

Galaxia Saer

Si Borges no ha escrito novelas, es porque piensa, y toda su obra lo demuestra, que la única manera para un escritor del siglo XX de ser novelista consiste en no escribir novelas

La periferia del universo en mil setecientas páginas

A Juan José Saer lo hubiera abrumado quizás pero íntimamente complacido el ver llegar a la vez, a las librerías, más de mil setecientas páginas suyas. No por vanidad sino porque creía en la obra como proyecto, como sistema, creía que cada novela y cada cuento se integraban en esa unidad superior como cada verso, por logrado que sea, sólo cobra sentido pleno en la estrofa y, a su vez, en el poema.

Culturamas presenta nuestros primeros títulos

Rayo Verde es en palabras de sus editores, Laura Huerga y Jordi Fernández, un proyecto vivo que busca “dar más espacios a obras inquisitivas, comprometidas, audaces, inconformistas y exigentes en las librerías y en las bibliotecas”. En estos momentos en los que la palabra crisis se está haciendo habitual en nuestro vocabulario, encontrar un equipo valiente, innovador y arriesgado que se lance al mercado de los libros con premisas tan interesantes, es algo que debe contar con todo nuestro apoyo.

En su andadura parten con dos objetivos bien definidos: acercar a los lectores exigentes la obra de autores de contrastado valor literario, y fomentar el hábito de la lectura. Centrarán por tanto su esfuerzo, en la publicación de autores singulares que con un estilo propio cuenten historias interesantes, y de aquellos escritores que quizás por no tener un cariz marcadamente comercial, no han sido publicados o traducidos al castellano. Han configurado dos colecciones, una de narrativa y otra de narrativa breve, con las que buscan el atractivo conjunto de entretenimiento y calidad literaria.

Y como el camino se demuestra andando, para este momento tan significativo, la editorial Rayo Verde ha apostado por dos novelas realmente interesantes: Todo está tranquilo arriba, del escritor holandés Gerbrand Bakker, y La pesquisa, del argentino Juan José Saer.