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Juan José Saer, a contrapelo

Un artículo de Patricio Pron que nos ayuda a acercarnos a la obra de Saer en conjunto y, más concretamente, a El concepto de ficción, una de nuestras últimas novedades de este semestre:

Algo más de 10 años después de su muerte, la obra del argentino Juan José Saer empieza por fin a ser […] algo más accesible para los lectores, gracias, entre otros, de los responsables de Rayo Verde.

“La pesquisa” de Saer, lectura imprescindible

En esta reseña sobre La pesquisa, Francesc Bon argumenta de forma clara y breve las razones por las que Saer debería ser considerado uno de los grandes escritores de todos los tiempos:

La pesquisa es una obra ejemplar en su capacidad de extenderse hacia todos los ámbitos posibles, y en certificar frase a frase su validez para lectura y relectura. Saer […] se mantuvo, desconozco los motivos, a la sombra de autores más renombrados o más elogiados. Pero libros como éste demuestran que merecía estar al frente.

Saer, diez años de magisterio ausente

Si Nadie nada nunca, escrita durante cuatro años en difíciles circunstancias personales, le valió general reconocimiento de la crítica, Glosa fue la confirmación de la fertilidad de los instrumentos de representación que el argentino había ido construyendo. La anécdota es mínima. Dos amigos, Leto y el Matemático, miembros ambos del grupo de personajes que reaparecen una y otra vez en novelas de Saer, tienen un fortuito encuentro callejero que los hará recorrer juntos 21 cuadras (manzanas). Durante ese paseo, ambos se dedicarán a reconstruir el cumpleaños de un tercero, al que ninguno de los dos ha asistido y del que sólo tienen noticia por fragmentarios relatos ajenos, algunos delirantes. El resultado son 220 páginas sobre los límites de la posibilidad de narrar, repletas de demoradas descripciones, de recuerdos recurrentes, de añadidos, correcciones y desmentidos, que cabalgan sobre una estructura inspirada en El Banquete de Platón y que acaban revelándose como una compleja conjetura sobre esa incertidumbre a la que, sostiene Saer, llamamos realidad.

Saer, por Juan Becerra

A diez años de la muerte del escritor, ensayista y poeta Juan José Saer, su colega Juan Becerra lee al autor de El entenado según el peso en su propia literatura, la pasada y la presente, donde aparece de manera fantasmática, sin desaparecer: pasar por Saer, pareciera decir Becerra, no es una experiencia susceptible de perderse u olvidarse.

El universo Saer, a 10 años de su muerte

El pasado jueves, 11 de junio, día en que se cumplieron diez años de la muerte del santafesino, la editorial realizó un homenaje en Casa de América de Madrid, en el que los periodistas Juan Cruz y José Ignacio Padilla realizaron un repaso por su obra. Asimismo, Rubén Tejerina realizó una lectura dramatizada de El entenado .

“Es habitual leer que Saer no es un autor para las masas, esto es porque es un escritor exigente con su lector, al que invita a la reflexión y al cuestionamiento. Eso es lo interesante de su narrativa, porque obliga al lector a crecer, a desarrollar una visión más profunda”, han escrito Del Valle y Huerga en el ensayo en que reúnen textos y estudios sobre Saer, además de algunos fragmentos de sus libros, y que se entrega con la reciente edición de Glosa .

Rayo verde es una editorial independiente que se ha puesto al hombro la difusión de la obra de Saer en España, donde, dicen las editoras, su obra “había sufrido el abandono”.

Destacan en su estudio la construcción, en clave visual, del relato saeriano: “Buscará siempre los diversos enfoques de un mismo suceso, explicando así la incapacidad de las palabras para contar los sucesos. Para la construcción narrativa sólo utiliza detalles de superficie, luz, sonidos, escenarios, ritmo; recursos propios de la narración cinematográfica. La mirada del personaje se sitúa sobre el mundo como una cámara y será el lector quien deduzca y cree en su imaginación la interioridad de los personajes”.

Y 10 años después, Saer sigue ahí…

“Con la lluvia, llegó el otoño, y con el otoño, el tiempo del vino.”

Ése fue sólo el arranque que dejó escrito del séptimo y último capítulo de La grande, la que sería su novela más extensa y quizá la más ambiciosa y lograda, cuando un cáncer de pulmón se lo llevó el 11 de junio de 2005 en París.

Lo cierto es que Saer también cosecha cada día más lectores y acapara la atención de la crítica en otros ámbitos, como el español, donde aún no circulan las ediciones póstumas de sus Papeles de trabajo. “No tuvo mucha suerte en su vida editorial, ni tampoco buen lobby para los premios -sólo le dieron el Nadal en 1987 por La ocasión-, pero se llevó el más importante, al que muy pocos acceden: el de la posteridad”, dice el poeta y ensayista Edgardo Dobry. “Y es significativo, porque nunca fue un escritor de lectores masivos, pero siempre hay una célula saeriana en activo”, bromea en referencia a la editorial independiente Rayo Verde, que ha comenzado a reponer toda su obra en las librerías españolas, además de lanzar una guía, Universo Saer, de Marina Del Valle Blanco y Laura Huerga.

Che, Rayo Verde Editorial ya se oye en Argentina.

El recuerdo de un autor tan ineludible como eludido

“Saer escribía como lector y leía como escritor –plantea Chejfec–. Esa discordancia convierte su obra en única. Se supone que un escritor debe creer absolutamente en lo que escribe; Saer en cambio tenía una conciencia crítica extraña, un poco desengañada: sabía que toda literatura, hasta la más sublime o particular, se transmuta tarde o temprano en convención. Esa creencia operó como una limitación, en el sentido de que generó una actitud bastante escéptica frente a sus resultados pero absolutamente comprometida con sus premisas. Es cruel retacearle a un escritor importante su pizca de primicia, pero no sé si el eje de lo nuevo es el más útil para describir a Saer, salvo que digamos que en todo lo nuevo debe haber una ambivalencia, aunque creo que no es la idea. Más bien, creo que su obra combinatoria moderniza parte de la literatura argentina, lo cual produce otro arraigo. Lo nuevo a secas estuvo representado antes por  Cortázar y después por  Puig.” Dupont señala que en casi todas las novelas y relatos, Saer toma las formas de la gran tradición modernista de principios de siglo –James Joyce, Virginia Woolf, Faulkner, Marcel Proust, Robert Musil– y del nouveau roman, sobre todo Alain Robbe-Grillet, y las cruza con el paisaje. “A su modo, ya lo había hecho su maestro Juanele Ortiz con  Mallarmé y los simbolistas, franceses y belgas, y el paisaje ribereño. Y además está eso de llevar a la prosa los procedimientos, los ritmos y los tiempos que generalmente se le atribuyen a la poesía. Ese es el ‘experimento’ de Saer, que a su vez él reinventa a lo largo de su obra, porque en todos sus libros, si bien hay una continuidad muy evidente, también hay una suerte de apuesta narrativa nueva que busca abrir nuevos canales.”

 

Un verdadero placer porque hace, de la palabra, estética

Juan José Saer puede pasar desapercibido a un lector poco maduro, pero nunca puede ser una deuda para un lector aguerrido, y mucho menos para un escritor. Por lo general, cuando se habla de Saer, parece que se estuviera haciendo referencia a un autor de culto. Es decir alguien a quien leen unos pocos, que casi siempre consideran que mejor que sea así, no vaya a ser que el admirado se les manche de populismo.
Por suerte, de tanto en tanto una brisa de inteligencia trastorna al mundo editorial y alguien pone los amores por delante de cualquier otra cosa. Ya, ahora, podemos echar mano a La pesquisa, de Juan José Saer, fresquito y editado por Rayo verde, una editorial que en esta semana hizo su presentación en sociedad en Barcelona.

Dato curioso: En la presentación en Poble Sec, Gerbrand Bakker, autor de Todo está tranquilo arriba, dijo que la editorial arrancaba con Saer y con él, “un hombre muerto y un holandés”, y al decir “holandés” torcía la cara como preguntándose a quién podría interesarle algo semejante. Lo del holandés ya se verá, porque es una buena apuesta. Y lo de Saer… pongamos místicos: está más vivo que nunca.

De Saer quiero decir una sola cosa: con la inteligencia, y los gérmenes de historias que hay en uno solo párrafo de sus párrafos, otros escritores escribirían cuatro novelas. Más: Saer es original, distinto. Y con él, el lector se siente original, y distinto. Un verdadero placer porque hace, de la palabra, estética.
Ah, y un bonus track. (qué viejo estoy, ¿esto todavía se usa?) La conversación casual entre Saer y Ricardo Piglia en Princeton. Autores y personajes de novela sin fronteras.

El estilo es brillante, obra del pulso de un joyero

Lo que importa -es decir, lo que nos importa comúnmente a los rastreadores de libros- son las excentricidades y, por eso, lo gustoso de esta novela es precisamente la forma, que la distancia de los estándares de la novela policíaca.

Abundan los adjetivos, las subordinadas y los encabalgamientos, y no por ello peca la novela de falta de precisión o innecesario abigarramiento. El estilo es brillante, obra del pulso de un joyero.

Lucía Lijtmaer en Barcelonés

Periodista, traductora y mucho más en Barcelonés. El más vendido: El de Punset, sea cual sea este año.  El que más me gustaría que vendiera: “La pesquisa”, de Juan Jose Saer, reeditado por Rayo Verde. Que una editorial joven e independiente recupere a Saer con una edición preciosa es una maravilla. Se merecen lo mejor.

Galaxia Saer

Si Borges no ha escrito novelas, es porque piensa, y toda su obra lo demuestra, que la única manera para un escritor del siglo XX de ser novelista consiste en no escribir novelas

La periferia del universo en mil setecientas páginas

A Juan José Saer lo hubiera abrumado quizás pero íntimamente complacido el ver llegar a la vez, a las librerías, más de mil setecientas páginas suyas. No por vanidad sino porque creía en la obra como proyecto, como sistema, creía que cada novela y cada cuento se integraban en esa unidad superior como cada verso, por logrado que sea, sólo cobra sentido pleno en la estrofa y, a su vez, en el poema.

Culturamas presenta nuestros primeros títulos

Rayo Verde es en palabras de sus editores, Laura Huerga y Jordi Fernández, un proyecto vivo que busca “dar más espacios a obras inquisitivas, comprometidas, audaces, inconformistas y exigentes en las librerías y en las bibliotecas”. En estos momentos en los que la palabra crisis se está haciendo habitual en nuestro vocabulario, encontrar un equipo valiente, innovador y arriesgado que se lance al mercado de los libros con premisas tan interesantes, es algo que debe contar con todo nuestro apoyo.

En su andadura parten con dos objetivos bien definidos: acercar a los lectores exigentes la obra de autores de contrastado valor literario, y fomentar el hábito de la lectura. Centrarán por tanto su esfuerzo, en la publicación de autores singulares que con un estilo propio cuenten historias interesantes, y de aquellos escritores que quizás por no tener un cariz marcadamente comercial, no han sido publicados o traducidos al castellano. Han configurado dos colecciones, una de narrativa y otra de narrativa breve, con las que buscan el atractivo conjunto de entretenimiento y calidad literaria.

Y como el camino se demuestra andando, para este momento tan significativo, la editorial Rayo Verde ha apostado por dos novelas realmente interesantes: Todo está tranquilo arriba, del escritor holandés Gerbrand Bakker, y La pesquisa, del argentino Juan José Saer.